No lo sabe. Levanta los hombros. Su labio inferior se proyecta hacia adelante. Entrecierra los ojos.
Dice que recorre nuevos lugares pero aguarda en la puerta. Espera que le abran. La puerta está abierta. No lo sabe.
Adentro llueve y no es imaginación. Es otro tiempo.
Hace que hace, piensa que piensa, piensa que hace que hace que piensa que piensa.
Su cuerpo se anuda. Su cuerpo! Claro...
El techo es alto y un foco cuelga y se balancea. Recuerda las hamacas. La luz proyecta una flor. Recuerda los sueños. Teme que se hagan realidad. Algunos son realidad. No lo sabe.
En su cuerpo se multiplican los ojos. Los cierra.
De su espalda nacen alas. Cree necesitar un médico.
Le dijeron que estaba nublado y les creyó, en vez de mirar el cielo.
1 comentarios:
mari! qué lindo esto que estás escribiendo! me acuerdo que la primera vez que vi un foco como maceta, lleno de raíces de potus, me encantó.. hoy fue un día de focos.. tienen algo de misterioso, no? el vacío.. cuando estallan hacia adentro y quedan como opacos.. cuando brillan a partir de esos filamentos tan finitos..
te mando un abrazo grande! Carito
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