Cuando era niña tenía una costumbre, una entre varias otras. Hacer rewind de las películas. Volverlas a ver sin dejar pasar un instante entre final y principio. Es decir, sólo dejar pasar el instante que tardaba en rebobinarse la cinta. Me angustiaba que termine, para siempre. Necesitaba volver a verla para volver a sentir la felicidad de la primera vez. Claro que nunca sucedía así. Era una felicidad desgastada, ficcional, era felicidad de segunda vuelta, que dicen por ahí nunca es buena. Era una felicidad transitiva. La sensación es; me hizo tan feliz que quiero que vuelva a suceder. Pero lo que sucede es otra cosa. Siempre sucede otra cosa. La misma historia en otro momento es otra historia. En otro momento la misma historia es otra historia.
Ayer viajé y me encontré con migo, en forma de otro. De un libro, de palabras, de pensamientos y escritos lejanos. No tan lejanos. Es decir, muy cercanos, pero escritos tiempo atrás o... ¿qué importa el tiempo? Leí lo que quise decir y lo que dije, leí lo pensado y lo vivido, leí lo que será y lo que fue. Pensé poco, pero pensé… si hubiera nacido en el 68, quién sería hoy? Si hubiera nacido en el 73? o en el 86? Nací en el 82. Pero tal vez también en el 68, el 73 y el 86, quién sabe... si morir no es solo morir de vida... Como si experimentáramos una sola muerte.... como si experimentáramos un solo nacimiento...
Y todo esto que pienso un poco desordenadamente, un poco dejándome llevar por el agua, puede tener que ver con el aire. Con flotar en el aire, siempre. Con mi forma. Que siempre toma forma y busca límites, fronteras... para cruzar.
Hoy quise hacer rewind, porque no anoté frases y dejé pasar reflexiones. Quise volver a leer para sentir ya no se qué. Y me detuve. Y vine hasta acá, para "volver, de cualquier viaje siempre volver. Pero siempre partir"
y otra vez empezar en otro lugar.
1 comentarios:
Yo tengo tu misma edad y también extraño ciertos "rewinds" que sólo tienen lugar en mi mente.
Para los recuerdos, mejor play, :)
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